El canto como terapia

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El canto como terapia

No sé si alguna vez canté sin tomármelo en serio, en especial si defino “seriedad”, como la absoluta intención de dejar una porción de alma expuesta al hacerlo.

Mientras ejercí como abogada, el canto tuvo el título de “hobby” en mi vida, pese a haber formado ya la familia en la que se convirtió ANDÏRA, la banda de rock de la que soy vocal principal, pues mis ingresos se generaban a través del trabajo que realizaba. Luego de alrededor de 10 años del ejercicio libre de la profesión tuve la oportunidad de cambiar de ámbito de trabajo. Los motivos: muy variados, pero casi todos estrechamente relacionados al penoso estado de la administración de justicia en Bolivia.

Pese a ser abogada de profesión y haber ejercido la carrera por bastante tiempo, hace algunos años, me ofrecieron ser asistente en clases de canto, es decir, hacer los ejercicios con la clase, escucharles para corregir afinación, asegurarme de que estaban respirando correctamente y ayudarles con los distintos ejercicios.

Después de un par de años de ser asistente, empecé a dar las clases sola, por lo que trato de seguir con el aprendizaje, tomando clases tanto presenciales como virtuales.

Sólo he sido profesora de una persona que, pese a tener un trabajo fijo y estable, canta con varias bandas en público. Las demás personas se interesan más que nada en las ganas de pasarla bien en una divertida noche de karaoke alguna vez, e incluso, cantar en casa sin más público que el jaboncillo y el shampoo.

¿Por qué la gente sigue cantando?

Entonces ¿por qué continúan tomando las clases hasta después de haber conseguido afinar muy decentemente? ¿Por qué la gente sigue cantando? ¿Por qué habemos tantas personas que amamos cantar?

“Me siento muy bien cantando, me pone de buen humor, por muy triste que sea lo que canto”.

“Después de cantar me relajo mucho, por eso siempre me doy tiempo para hacerlo”.

“Cantar me llena de energía”.

“Los días que canto duermo mejor”.

“No me importa cantar para nadie, canto para mí misma y lo disfruto tanto que mejora mi estado de ánimo al tiro”.

He escuchado muchos más comentarios como éstos de parte de personas que cantan, de gente que enseña o que está aprendiendo a hacerlo y también de mis estudiantes.

👉Cantar es terapéutico.

👉Reduce de manera significativa los niveles de estrés, ése invisible gigante que se ha convertido en el enemigo número uno de la salud y las relaciones.

👉Ayuda a las personas a concentrarse y enfocarse mejor en cualquier otra actividad.

👉Es un excelente ejercicio para la memoria.

👉Tomando en cuenta los ejercicios de relajación y respiración previos al canto, además de que aprender a usar la musculatura de abdomen y espalda para sostener las notas musicales, es un buen punto de apoyo para la actividad física.

👉A partir de las rutinas de rítmica, se trabaja la coordinación motora gruesa.

👉Al cantar liberamos endorfinas, que son péptidos opioides endógenos que funcionan como neurotransmisores, que tienen un efecto analgésico y nos dan una sensación de relajación y bienestar.

👉Mejora la circulación y reduce la presión arterial.

👉Ayuda a liberar la ansiedad promoviendo la sana conciliación del sueño… en fin, los beneficios que nos proporciona son muchos.

Así que, consejo de una persona que lo vive y lo ve con bases diarias: CANTEN!

Aunque no vayan a tomar clases, o nunca vayan a hacerlo en público, aunque los demás se tapen los oídos cuando lo hagan o tengan que esperar a estar a solas para poder hacerlo. CANTEN.

Dense un tiempo metódico para invertirlo en su propio bienestar y dedíquenlo a liberarse un rato de todo lo que no sea descubrir ese corto y directo camino que hay entre cantar con toda el alma y la felicidad. Porque ¿qué es la felicidad? Pues ese momento en el que somos puro sentimiento expuesto sin miedo. Creo que no dura mucho. Pero podemos tener mucho de esos momentos y, por muy cortos que sean:

¡Valen la pena!

Andira Rock

Fabiola Yvonne Arias Navia (Nicky), nace el 10 de junio de 1977 en Trinidad, Beni, Bolivia. Luego de graduarse del Colegio Madre Elizabeth Seton en su pueblo natal, se traslada a la ciudad de Cochabamba, el año 1995 para estudiar Derecho en la Universidad Mayor de San Simón.

El año 2005, disuelta la banda en la que empezó a cantar, junto a Carlos Pinto deciden iniciar una nueva banda. Así nace ANDÏRA.

Casada con Raúl Aranibar y madre de tres hijos, el año 2011 deja de ejercer la profesión de Abogada para dedicarse a enseñar canto, así como a hacer presentaciones con la banda y de manera individual.

2 comments to El canto como terapia

  • María Renée Arias N.  says:

    Creo que parte de la hermosa experiencia de cantar con la guía de una profesora como Nicky, es justamente la buena onda que ella te contagia y que te convence con su alma, de que el canto es estar en un estado de felicidad y no descansa hasta hacerte sentir así. Nicky definitivamente es una gran Couch!! 😍🎶❤️🎶

    • @MicaSabja  says:

      Hola María René! muchas gracias por tu comentario y el apoyo a este gran artículo sobre el canto. Es muy lindo ver que te haya gustado y además sea de utilidad y motivación para ti.

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