Tal vez un día vengas por mi

Tal Vez, Karloz de la Torre

Tal vez

un día vengas por mi

y sea el fin

de algo

y el pasado se quiebre

después de eso.

 

Tal vez vengas por mi
un día

con el arma cargada

y el cuchillo entre los dientes

y todo

tu adorable veneno.

 

Puede que sea un día de verano.

O de invierno, digamos.

Y haga frío en las calles

y el mundo sea ese dragón agonizante

que una vez fue un dragón que volaba

y la gente creía en algo todavía

y la música de las radios no hacía daño

y existían los afinadores de pianos

porque existían los pianos.

 

Y puede que ese frío

haga que antes de venir por mi,

hayas entrado al cafecito que era nuestro cafecito

y hayas brindado con un espresso doble

por mi y por vos

y por nosotros bajo la tormenta que fuimos.

 

Pero el café ya habrá pasado

y el frío ya no será importante

porque vendrás por mi.

Entrarás tranquila porque nunca cambié la cerradura.

Pisarás la alfombrita que compramos esa vez

en que yo no quería,

por nada del mundo,

salir a comprar una alfombrita.

 

Y me encontrarás conmigo,

tratando de escribir

los versos

que te hayan traído

hasta aquí.

 

Me pregunto si me mirarás a los ojos

o si aprovecharás los audífonos que tendré puestos

para que no te escuche acercarte por mi espalda

y puedas

por fin

clavarme el beso

que tanto me debías.

 

Va a tener que ser un gran beso.

Un fragmento de volcan enloquecido,

despiadado.

Tendrás que venir a esta guerra

con todas tus legiones.

 

Porque ya habrás llegado

y tendremos que despertar

a algunas cosas dormidas.

A algunos agonizantes dragones.

 

Tal Vez, Karloz de la Torre

Karloz de la Torre

Nacido en Cochabamba (Bolivia) el 7 de mayo del 81. Rebotó la vida entre Tarija y Cochabamba y Barcelona y Cochabamba de nuevo. Hoy por hoy tiene dos discos (Volver a casa y La vida insospechada) y un EP (Spaghettis, cafés y abismos) editados, escribe sobre sí mismo en tercera persona, tiene más canciones de las que piensan, juega en la punta derecha, tiene una saudade que lleva a todos lados y tiene, ante todos los males del mundo, un cuarto con una guitarra sobre la silla, una chica, un piano y un abismo. Lo que se dice, un impresentable.

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